Foto: III Foro Iberoamericano AHCIET Móvil
Liga a foto tomada durante mi intervención en el III Foro Iberoamericano AHCIET Móvil.
Liga a foto tomada durante mi intervención en el III Foro Iberoamericano AHCIET Móvil.
La revista The Economist en su portada del 17 de septiembre de 2005 proclamó la muerte del negocio telefónico en manos de Internet. Al contemplar la desaparición del negocio de larga distancia y los operadores dedicados a él, es poco lo que se puede argumentar en contra al artículo, sin embargo, The Economist se equivoca al creer que los operadores móviles la pasarán peor que sus contrapartes fijos en los años que vienen. Es la intención de este artículo demostrar por qué.
Primero el hecho. The Economist parte de la opinión de una firma de capital de acuerdo a la cual los ingresos de los operadores celulares dependen de al menos un 80% de los servicios de voz, lo que los hace particularmente vulnerables en un mundo donde la voz será una aplicación casi gratuita transportada sobre redes de datos como Internet. Sí, la proporción citada es correcta, pero la conclusión es errónea, la industria de la telefonía móvil ha sido y será más o menos inmune al proceso de "comoditización" que han sufrido los servicios fijos por las siguientes razones:
En el año 2005 y a raíz de una intervención en el III Foro Iberoamericano AHCIET Móvil, hice una encendida defensa acerca de cómo creo que los operadores móviles aún tienen ventajas que les permitirá que su modelo de negocios no se vea tan afectado como lo ha estado el de los operadores fijos.
Recientemente, Analysis.com publicó un artículo llamado “Wi-MAX is dead, long live Wi-MAX” y a priori resulta muy fácil subir al mismo tren declarando la muerte de una tecnología que hasta ahora ha tenido nulo impacto en el mercado.
Hay sin embargo un punto a considerar, recientemente Skype solicitó a la FCC (archivo PDF) que se establezca el derecho de que un usuario de redes celulares pueda usar el dispositivo (teléfono, modem, etc.) que desee sin necesidad de que éste haya sido provisto por el operador del servicio.
Hay que recordar que esta facultad, que hoy es lo más normal en servicios de telefonía fija, no existía hasta 1968 cuando la FCC emitió su decisión sobre el caso Carterfone. Por eso hoy se habla de que Skype está solicitando que se aplican las reglas del caso Carterfone a las redes celulares.
El tema de si esto es conveniente o no para los operadores es grande pero caben dos ejemplos: los operadores pequeños o en países en desarrollo, fomentan la práctica para eliminar una barrera para potenciales nuevos suscriptores; por otro lado, un operador dominante o en un mercado desarrollado busca usar su tamaño para contar con mayores descuentos por volumen o incluso negociar exclusividades (es el caso de Cingular/AT&T con el iPhone y de Telcel en México durante el primer año de la Blackberry en el país).
Es muy probable que pasen varios años antes de que la FCC tome una decisión tan radical como lo fue en su momento la relacionada al Carterfone. En aquellos años el problema era el poder de un proveedor monopólico del servicio y del equipo, a diferencia de hoy cuando el usuario puede comprar equipo de múltiples proveedores a través de múltiples operadores y si bien el usuario no tiene opción más que adquirir los equipos que el operador decida ofrecer, se beneficia al adquirir equipos sin costo o con subsidios.
Pero regresando al tema de Wi-Max, el gran éxito de la tecnología seguro que no se deberá a sus ventajas prometidas en mayores anchos de banda y grandes extensiones de cobertura (que son debatibles) y para las que será difícil vencer la inercia de la masa crítica de usuarios de servicios celulares 3G y posteriores que ya se viene acumulando desde hace unos años.
El éxito de Wi-Max puede radicar en ser una tecnología que desde su concepción está abierta para que el usuario elija los equipos que desee para conectarse a la red. Así está diseñada técnicamente, falta ver que el modelo de negocios que involucre fabricantes de terminales y operadores quede integrado de la misma forma (es de esperarse, es el mismo modelo en el que Intel fundó su éxito en el mercado del cómputo personal). Si es el caso, Wi-Max ofrecerá una propuesta de valor única, no disponible en ningún servicio celular (hasta hoy).
La voz sobre Internet nació muy poco después de la popularización del Web browser y para 1999 representaba menos del 0.5% del tráfico de Larga Distancia internacional, esto según una estadística que cito de memoria y que en ese año declaraba “la muerte de la Voz sobre IP”.
Olviden las polémicas sobre las Reformas a las Leyes de Telecomunicaciones y de Radio y Televisión del año pasado, dentro del ruido que el tema genera se he perdido una declaración de Eduardo Ruiz Vega (Comisionado de Cofetel) que puede tener un impacto más directo y de corto plazo hacia los usuarios finales que las mismas reformas a la Ley.
Sólo un medio (El Universal) tomó nota de la declaración de Ruiz Vega donde habla de la eventual eliminacion de todos los reglamentos específicos de servicios de telecomunicaciones en una sola reglamentación general y más sencilla.
Los beneficios de tal iniciativa son múltiples:
Por supuesto, la respuesta no debería ser crear un nuevo reglamento separado cada vez que un desarrollo tecnológico facilite la aparición de un nuevo servicio. El time to market, claramente requiere respuestas más agiles que las que el “time to regulate” generalmente ofrece. Pero ésta iniciativa, si es debidamente ejecutada, será un paso adecuado hacia la desregulación del sector.
En un país donde claramente existe un déficit de infraestructura, no hay mejor incentivo para el desarrollo de ésta que abrir las puerta para que las agentes privados puedan tener un oportuno retorno de inversión, ése es el objetivo de los operadores al buscar brindar más servicios en su red y el origen del gran interés de la industria por los procesos de convergencia; el resultado esperado: más opciones y mejores precios para el usuario.
La propuesta dista mucho de ser la sobresimplificación que, por ejemplo, propone The Progress and Freedom Foundation con su proyecto “Digital Age Communications Act” al sugerir eliminar toda la regulación específica a telecom y reemplazarla con regulación antimonopolio, lo cual además es contrario a las conclusiones de otros estudios (Kerf, Neto, Géradin, 2005) que sugieren un adecuado balance entre ambos tipos de regulaciones como requisito indispensable para incrementar la competitividad del sector.
The Economist ha sido un ferviente defensor de la telefonía móvil como la forma más adecuada de aprovechar la tecnología en beneficio de regiones marcadas por la pobreza. Una de sus portadas más memorables está dedicada al tema, con el correspondiente análisis que titulaba:
"The real digital divide
Encouraging the spread of mobile phones is the most sensible and effective response to the digital divide"
Al poder llamar a los mercados de poblaciones vecinas luego de lograr la pesca del día, los pescadores tienen la posibilidad de saber de antemano la demanda y los precios de cada mercado donde pueden vender su pescado. De otra forma "se la tienen que jugar", esperando que al viajar a la población que escojan haya un precio aceptable para el mismo o, en el menos malo de los casos, que al menos exista demanda suficiente que no los obligue a desechar su pesca (una vez hecho el viaje y dado lo rudimentario de sus embarcaciones, no es realista esperar poder viajar a otra ciudad sin que el pescado se pudra).
El estudio demuestra que existe una correlación entre la adopción de teléfonos celulares entre los pescadores y un incremento de sus utilidades de un 8%. Además el precio promedio del pescado bajó un 4%.
Ya en un documento anterior, Jensen defendía que la tecnología, en general, permitía la fácil diseminación de una información esencial para orientar la actividad económica: los precios, esencial mecanismo de coordinación que da incentivos para que los productores enfoquen su actividad sólo en aquello que los consumidores realmente están dispuestos a adquirir.
Por otro lado, la lección para el caso general debiera ser que la infraestructura que logró tales eficiencias en el caso de la India se debe completamente a la inversión privada a través de un modelo de negocios autosustentable. En función de ello, es risible que los esfuerzos de Latinoamérica insistan en abatir los efectos de la pobreza subsidiando programas para el desarollo de Internet. Simplemente es un modelo inadecuado que promueve la tecnología incorrecta.
Basta ver las declaraciones del promotor del NAP Caribe en la República Dominicana. Si en general, subsidiar infraestructura de Internet es una forma poco creativa de tirar dinero a la basura, el caso particular de los NAPs es aún más desastroso (en este working paper doy mis razones para el caso Mexicano).
Cualquier cantidad que el gobierno de Dominicana dedique a financiar el NAP (se sabe que se invertirán $40M de USD y que la empresa operadora ganó un contrato del que ningún medio reporta detalles) habrá sido un desperdicio por estas simples razones:
Nunca será motivo de gusto que una empresa se declare en bancarrota.
Lo anterior, sin embargo, no me impide tomar el caso del operador Amp'd como la más reciente y clara evidencia de que ofrecer contenido atractivo como principal diferenciador no es una estrategia viable en el largo plazo.
La oferta de contenido de Amp'd no podía ser más enfocada y atractiva: un servicio dirigido al mercado joven con contenido de la disquera más grande del mundo (Universal Music Group) y la mismísima MTV.
Ayer Amp'd se declaró en bancarrota, debido a que si bien la empresa fue exitosísima adquiriendo suscriptores, casi la mitad de ellos presentaba algún problema de cobranza.
El segmento de mercado que representan los jóvenes es probablemente el más activo consumidor de contenidos, principalmente los digitales. Si una estrategia de ofrecer el mejor contenido posible a este segmento resulta no ser rentable, realmente ya es momento de que quienes aún plantean que los contenidos deben estar en el centro de la estrategia de los operadores revisen con más calma sus supuestos.
Las ofertas de contenidos móviles representan importantes ingresos a los operadores, además de que generan incentivos para la inovación en nuevos y mejores dispositivos, que los operadores pueden ofrecer accesiblemente a sus usuarios vía subsidios equvalentes a una parte o la totalidad del costo del teléfono. El usuario es el más beneficiado de ello.
Sin embargo, el caso de Amp'd ejemplifica claramente que ofrecer el mejor contenido es una buena estrategia complementaria y no la principal que puede considerar un operador.
Ya lo dijo Andrew Odlyzko: Content is not king.
La revista electrónica L@tin.tel publicada por Regulatel, el Foro Latinoamericano de Entes Reguladores de Telecomunicaciones dedicará su siguiente número (No. 9 Abril-Junio de 2007) al tema de "La movilidad en las telecomunicaciones".
Como una exclusiva para los lectores de este blog, ofrezco el artículo que contribuí para tal publicación.
El siguiente artículo será publicado la próxima semana (9-13 de julio) en el diario El Financiero. Ofrezco la primicia a los lectores de este blog.
Estimado lector, aunque usted no lo crea, su teléfono celular aún le guarda sorpresas en la función más básica para la que fue concebido. Se seguirán lanzando teléfonos con mayores anchos de banda para acceder a Internet o con más capacidad para almacenar música y videos, pero usted también encontrará novedades en la forma como podrá hacer y recibir llamadas telefónicas.En particular, ¿qué le parece tener el mismo número para su línea celular y su línea fija?, mejor aún, ¿qué tal integrar la funcionalidad de ambas líneas en un solo teléfono?, es decir, usar el mismo aparato para poder hacer llamadas en la calle usando la red celular y hacer llamadas en casa aprovechando los menores precios de la línea telefónica fija. Esa es la promesa inicial de la tendencia a la convergencia de servicios de telecomunicaciones fijos y móviles.
Como en todas las modalidades en el que fenómeno de la convergencia se manifiesta, la convergencia fijo-móvil permite a los operadores integrar múltiples servicios en una sola oferta creando incentivos para entrar a nuevos mercados.
Si hace algunos años a un operador de telefonía fija le hubiera parecido aventurado añadir telefonía celular a su portafolo de servicios, hoy esto podría resultar más atractivo al integrar los servicios fijos y móviles en un nuevo producto combinado (empaquetamiento) o hacer muy atractiva la contratación de ambos servicios separados (venta atada). Tal combinación puede resultar en incrementos de ingresos y de lealtad del suscriptor que generan mayor rentabilidad y más certidumbre a la nueva inversión.
Hay que destacar, sin embargo, que dada la estructura del mercado de telecomunicaciones de nuestro país, existen diferencias en los impactos sociales que una estrategia de convergencia fijo-movil pueda tener en función de qué operador la lleve a cabo.
Si la convergencia fijo-móvil permite a un operador competitivo (cualquiera no surgido del antiguo monopolio estatal) ofrecer más servicios, se genera un resultado socialmente deseable en la forma de una mayor competencia y menores precios.
Pero, si la iniciativa la toma el operador dominante (Telmex/Telcel), el escenario es radicalmente distinto. Una empresa dominante puede usar estrategias de empaquetamiento y ventas atadas para: a) defender su posición en un mercado al bloquear la entrada de nuevos competidores (el caso de Microsoft usando su dominio en Windows para bloquear la entrada de Nestscape en el mercado de navegadores web), b) usar su posición dominante en un mercado para buscar dominar un mercado adicional (de nuevo el caso de Microsoft usando su dominio en Windows para dominar el mercado de aplicaciones con la suite Office).
En políticas públicas es difícil hablar de absolutos y de la misma manera como múltiples estudios sustentan mis afirmaciones, pueden encontrarse otros tantos igualmente serios que minimicen el riesgo que planteo. Cabe puntuallizar, sin embargo, que hay pocos ejemplos en la literatura académica que partan de condiciones similares a las del caso mexicano: es poco común encontrar una empresa (o grupo de empresas) que tenga tal poder de dominancia simultánea en dos mercados de productos complementarios (telefonía fija y móvil).
Cuando un par de empresas ha sido capaz de mantener una posición dominante en los mercados en que opera después de más de 10 años de competencia, es difícil pensar que la integración de la oferta de ambas resulte en un ambiente más competitivo y benéfico para el consumidor.
El avance tecnológico seguirá ofreciendo nuevas posibilidades que continuarán maravillándonos, si bien, la autoridad deberá ser la menos sorprendida ante tales desarrollos, una vez que los principios económicos que sustentan una sana regulación pro-competencia, de manera general, seguirán siendo esencialmente los mismos.
¿Qué busca Google en el sector de las telecomunicaciones móviles?
Por lo que se lee en la prensa, se puede suponer que Google quiere probablemente alguna o todas las siguientes cosas:
lanzar un teléfono lanzar una plataforma/sistema operativo para cualquier teléfono fabricado por terceros "liberar a los usuarios" de la opresión ejercida por las tres grandes operadoras celulares en los Estados Unidos (AT&T, Verizon y Sprint)
Me enfoco en el último punto. En una carta a la FCC Google solicitó que la próxima licitación de espectro en la banda de 700Mhz cumpla con cuatro condiciones a las que Google refiere como:
“Open applications” – el derecho del usuario de descargar y usar cualquier aplicación “Open devices” – el derecho del usuario de conectar el dispositivo que desee a la red “Open services” – la obligación del titular del espectro de rentar capacidad a terceros (operadores virtuales – MVNOs) “Open networks” – la obligación de ofrecer interconexión a proveedores terceros
Hace cuatro años escribí un artículo llamado “Los nuevos derechos del usuario de telecomunicaciones” donde apoyaba, entre otras, las dos primeras ideas dentro del objetivo último de reconocer el "Derecho del usuario a poder explotar su servicio de red enteramente a su conveniencia".
Pareciera entonces que comparto la misma visión de Google sobre el futuro de los servicios de telecomunicaciones. Desafortunadamente no es el caso y, como en todo debate que involucre una visión de futuro para el mercado en su conjunto, los detalles hacen una gran diferencia.
La principal crítica que hago a la noble labor que ha emprendido Google para "promover la innovación e incrementar las opciones a los consumidores" es que está incompleta pues no debe incluir sólo los dispositivos y las aplicaciones sino también la plataforma (e.g. sistema operativo) de su terminal. Específicamente mi propuesta dice:
4. El usuario tendrá libertad absoluta para elegir los componentes de software de su terminal (sistema operativo, plataforma de aplicaciones y aplicaciones en sí).
Al plantear esa lista de derechos, busque definir un ideal que buscara guiar la labor del regulador que enfrenta la labor de regular las redes y servicios basados en tecnología de nueva generación. Pero no soy ingenuo, un ideal es solo eso y un buen diseño de política pública es siempre algo susceptible de ser mejorado, algo que busca el mejor de los escenarios posibles, no necesariamente el mejor escenario deseable (el ideal).
En el mundo real, la libertad que hoy tiene el usuario para instalar, descargar y usar la aplicación que desee, en la PC que decida comprar con el proveedor de Internet de su preferencia. Pero tantas libertades tienen un costo y este se da en la forma de las limitadas opciones que el usuario tiene en la plataforma básica (sistema operativo) e incluso en algunas aplicaciones: aún con distintos sistemas operativos, la vida es más fácil para los usuarios que usan y comparten archivos en formato de Microsoft Office y un dolor indescriptible para los que optaran (teóricamente) por no hacerlo.
Finalmente, ¿qué desea Google?. Estoy convencido de que la empresa realmente quiere que los usuarios tengan más opciones de servicios, aplicaciones y dispositivos móviles; sólo que nadie ha reparado en el costo implícito: Google busca monopolizar el diseño de la arquitectura de los nuevos dispositivos de la misma forma como Intel y Microsoft hoy lo hacen con las PCs.
Es posible que el costo de tener una plataforma de Google en todos o la mayoría de los teléfonos móviles sea menor que los beneficios de contar con diversidad de dispositivos y aplicaciones compatibles, pero hoy no tendríamos forma de saberlo.
Sí podemos, sin embargo, saber cuál es el costo en el caso de las plataformas de cómputo. Es antigua la crítica de que una empresa debe de comprar equipos con prácticamente el mismo poder de cómputo para una asistente que sólo escribirá cartas en Word que para un analista financiero que hará demandantes cálculos en Excel. En ambos casos, también será más práctico comprar una licencia completa de Microsoft Office a ambos usuarios, independientemente de que no usen todas las aplicaciones adquiridas.
Si Google busca definir el estándar para aplicaciones y dispositivos móviles de nueva generación, adelante y ojalá que, si su propuesta ofrece valor a los actores de mercado involucrados (usuarios y operadores), la empresa sea exitosa en ello. Pero debemos ser claros en los costos asociados a este escenario, de la misma forma como debemos esperar que Google o cualquier otra empresa, triunfe en el mercado abierto y no buscando diseñar regulación a la medida.
Nota final: se puede argumentar que el de Intel no es monopolio sino un oligopolio con AMD en el mercado de microprocesadores. Por eso anoté "monopolizar el diseño". AMD estaría muerta sino diseñara chips que fueran 100% compatibles con la arquitectura dictada por Intel.
Este archivo contiene la presentación sobre el tema "Redes de banda ancha móviles" que di en el ITAM el pasado mes de septiembre.
El pasado viernes 5 de octubre el Wall Street Journal reportó que Sprint está buscando un nuevo CEO.
De todo lo criticable que puedan ser las acciones estratégicas de Sprint en los últimos años quiero destacar un aspecto que no ha sido muy comentado en la prensa.
Se habla de como los analistas han perdido la confianza en la visión de largo plazo de la empresa sin ofrecer detalles que, me parece, tienen que ver con su falta de foco al momento de definir el futuro de su plataforma tecnológica.
Sprint innecesariamente abrió muchos frentes de batalla en los que deberá dividir sus inversiones en infraestructura de los próximos años:
El mercado le ha exigido a Sprint al menos agregar un socio en su arriesgada entrada a Wi-Max (la cual no sería tan arriesgada si la empresa dedicara todo su capital y tiempo de ejecutivos de manera exclusiva a ella) y en ese contexto se anunció la alianza con el operador Clearwire.
De cualquier forma, en una industria con costos hundidos tan altos, una empresa no puede plantearse tener tres futuros tecnológicos distintos y esperar que el mercado le crea que, después de apostar miles de millones de dólares en cada uno, será totalmente exitosa en los tres.
“¿La Internet crece primordialmente porque es una red ‘tonta’?. Probablemente no, … un análisis más detallado sugiere que la Internet es exitosa por las mismas razones por las que las PCs dominaron sobre las mainframes y que son responsables del éxito de Microsoft”
Smart and stupid networks: Why the Internet is like Microsoft Andrew Odlyzko
En un influyente documento, el investigador Andrew Odlyzko dice que la Internet es como Microsoft, ¿qué quiere decir con ello?, la idea es que la PCs ha sido exitosa como una plataforma abierta que facilita, fomenta y sustenta un mercado de aplicaciones desarrolladas por terceros. Pero esa misma apertura tiene un costo: las grandes inconveniencias que padecemos todos los usuarios de las PCs, que quedamos sujetos a otro tipo de “desarrolladores”: los creadores de viruses, troyanos y otros códigos maliciosos. De la misma manera, la gran disponibilidad de aplicaciones y servicios de Internet, más que compensan y “ocultan” la complejidad que padece el usuario para configurar servicios de correo, mensajería instantánea y lidiar con problemas como el SPAM, el phishing y otros. Literalmente Odlyzko dice: la PC y la Internet ofrecen una gran oferta a un grupo de interés (los desarrolladores), mientras ocultan los costos que imponen a los usuarios.
Hace una semana varios encabezados de diversos medios y blogs especializados anunciaban lo que muchos sospechábamos desde hacer rato: que la industria está abandonando el desarrollo de productos de convergencia de redes fijas y móviles (FMC – Fixed Mobile Convergence) para enfocarse en iniciativas de “Comunicaciones Unificadas” (lo que sea que ésta idea signifique) o Femtoceldas (tecnología que más allá de todos los beneficios adicionales que sus fabricantes propongan, fundamentalmente es una forma creativa de mejorar la cobertura en interiores).
Pareciera que el caso que el de la Convergencia Fijo-Móvil es el de una iniciativa que atrajo fuertemente el interés de un grupo de interés (los operadores) que veían en ella múltiples beneficios:
1. Mejorar la cobertura de interiores sin requerir de más espectros o costos infraestructura de micro o pico-celdas. 2. Lidiar con el crecimiento del tráfico de la red móvil (con altos costos variables) migrando tráfico a una red fija (con bajos costos variables y costos fijos que más bien correrían por cuenta del usuario) 3. Maximizar los beneficios anteriores enfocando la oferta en aquellos lugares donde se genera la mayor cantidad de tráfico del usuario promedio : su oficina, su casa y algunos sitios públicos como restaurantes, cafeterías, aeropuertos y otros con cobertura WiFi.
El gran problema de la CFM es que todos estos beneficios para el operador, imponen costos en el usuario que no han sido fácilmente ocultados o compensados por algún claro beneficio. La promesa de precios relativamente más bajos en las llamadas cursadas aprovechando la red fija, no ha sido un incentivo que sea mayor que inconvenientes como:
1. Lidiar con la operación de “clientes” (software en la terminal) que en muchos casos obligaba al usuario a manualmente seleccionar la red a la que quisiera/debiera conectarse. 2. Configurar parámetros de acceso para cada una de las redes WiFi que se quisieran usar en sitios público 3. Y, me parece más crítico, depender de una limitadísima gama de teléfonos (iniciativas como el Bluephone de BT limitaban al usuario a un modelo único de teléfono) que tuvieran el hardware para las dos modalidades de conexión (celular y WiFi) así como la inteligencia para mantener la continuidad de la llamada al haber movimiento de un área de cobertura a otra.
Lo anterior sin contar con la competencia que algunos planes tarifarios ofrecen a la idea de tener llamadas más baratas desde casa como:
1. Los ampliamente populares planes de “Noches y Fines de Semana”, que ofrecen llamadas gratuitas en los días y horarios en que comúnmente un consumidor está en casa. 2. Los planes “home-zone” que ofrecen llamadas más económicas hechas desde el área de cobertura de la radiobase del domicilio del cliente 3. Los planes de comunicación grupal ilimitada estilo “Friends and Family” y sus equivalentes para usuarios de negocios que permiten comunicación total mediante una renta fija a los teléfonos que el usuario requiere llamar con más frecuencia.
Es probable que iniciativas como las Femtoceldas tengan más éxito, pues permiten mejorar la cobertura en interiores instalando un sencillo y barato dispositivo que no obliga al usuario a cambiar teléfonos o a operar su teléfono de forma distinta. El concepto de Comunicación Unificada es tan difuso, por otro lado, que es muy fácil agregar algunas funcionalidades a líneas de producto existentes de conmutadores, servidores de correo y teléfono inteligentes para luego declararlos productos de “CU” y declarar el éxito de ésta iniciativa.
Pero por lo que respecta a la CFM, al menos para su encarnación reciente, ya podemos con certeza poder declarar formalmente su muerte.
Milenio Diario me citó el día de ayer respecto al crecimiento del mercado celular mexicano:
"...si bien se espera que el mercado crezca a tasas más moderadas en los próximos años, éstas serán superiores al 10 por ciento anual."
El tema de crecimiento de las líneas celulares debe verse desde varias perspectivas:
Repetidamente se pueden leer encabezados en la prensa señalando que los precios por servicio telefónico en México son mayores que los de otros países. Sirva esta columna para precisar con datos el caso particular del servicio celular.
Es probable que ante la afirmación “¿usted considera que el servicio de telefonía celular ha disminuido su costo dramáticamente en los últimos años?” el ciudadano promedio responda no solo con una negación sino afirmando que su gasto se ha incrementado.
De acuerdo a cifras de la COFETEL el tráfico celular por usuario (minutos de uso totales entre líneas en uso totales del mercado) se ha incrementado un 60% en el período 2003-2007, es decir, cada usuario celular mexicano llamaba en promedio 79 minutos al mes en 2003 y para 2007 el uso ascendió a 127 minutos al mes. Por su parte, de acuerdo a la consultora The Competitive Intelligence Unit, al incremento de 60% en el uso no correspondió un incremento equivalente en el gasto promedio por usuario el cual solo subió un 8.4%, lo que implica una reducción nominal del precio por minuto del 32% en el período mencionado.
Si ese es el caso ¿por qué organismos como la OCDE continúan afirmando que nuestro servicio celular es caro?, ¿las caídas en precios no han sido suficientes?. Existen dos puntos de los que adolecen las comparaciones de precios en varios países que hace la OCDE: 1) no considerar el precio del teléfono y 2) no considerar el efecto de las promociones. Estas omisiones simplifican la labor comparativa de la OCDE, pero crean serios problemas al analizar el caso particular de México.
Omitir los precios de los teléfonos y comparar los precios por minuto de México con los de Corea (como un ejemplo bastante ilustrativo) es simplemente comparar peras con manzanas. En Corea el concepto de un teléfono gratis no existe; en ese país el total de los usuarios tienen un plan tarifario y su poder adquisitivo les permite cambiar de teléfono, a veces más de una vez al año, pagando por el costo del mismo cuando su gusto o necesidad lo dicte. En México la mayoría de los usuarios en plan tarifario no pagan precio alguno por su teléfono y usuarios en la modalidad de prepago (la mayoría del mercado) comprar teléfonos que el operador financia en el esquema de ofrecer el teléfono a u precio por debajo de su costo, para recuperar la diferencia en el precio por minuto. Comparar los precios por minuto de Corea (que incluyen el servicio telefónico solamente) con los de México (que incluyen el servicio telefónico y la compra financiada de un teléfono) es en sí mismo un despropósito.
Por otro lado, la OCDE no considera las promociones que ofrecen los operadores en México. Los usuarios mexicanos pueden : o contratar un plan con alguna cantidad de minutos, más diversas modalidades de minutos gratis u optar por el prepago comprando tarjetas que, a partir de ciertas cantidades, ofrecen en saldo una cantidad mayor a su precio.
Es muy probable que los precios del servicio celular continúen su tendencia a la baja como lo han hecho en años recientes. La estrategia de los operadores para compensar la pérdida de ingresos ha sido el ofrecer más servicios por el mismo precio (las mencionadas promociones) así como diferenciarse con servicios novedosos como aquellos basados en redes de Tercera Generación (3G). Todos estos, efectos positivos de un ambiente de real competencia.
Entre las múltiples causas que podrían explicar por qué en la telefonía fija no hemos observado la misma tendencia de reducción de precios nominales que en la celular, me quedo con una: aún cuando distamos de tener un mercado de competencia óptima, el servicio celular siempre ha estado competido y ese no ha sido el caso de la telefonía fija.
Estamos a menos de un año de que se cumplan 10 de la introducción de una de las medidas regulatorias más exitosas en el mercado de las telecomunicaciones en México: la modalidad “el que llama paga” en el servicio de telefonía móvil.
Fue a partir de esa medida y por su permanencia durante estos años, que una gran mayoría de la población mexicana ha podido acceder por primera vez a servicios de telefonía e incluso, más recientemente, también a servicios de acceso a Internet.
Con 15 millones de líneas residenciales, sólo el 55% de los hogares mexicanos cuentan con una línea de telefonía fija, mientras ya estamos cada vez más cerca de contar con 80 millones de teléfonos móviles en el país, los cuales son mayoritariamente usados por consumidores (personas comunes como usted y como yo) más que por instituciones (empresas, organismos de gobierno) donde la penetración del servicio se ha mantenido en cifras de un dígito.
La firma Analysys Mason en su reporte “¿Qué parte paga? : el impacto en los mercados móviles” es tajante al definir la entrada de la modalidad “el que llama paga” como la responsable de que algunos países tengan mayor penetración que otros. El estudio comenta que al hacer posible contar con un teléfono de prepago para usarlo primordialmente para llamadas entrantes, que son gratuitas, los países Europeos cuentan con más 1 línea móvil por habitante (España 105% de penetración y 120% para el Reino Unido), comparado con penetraciones del 50% para Canadá y 75% para Estados Unidos, ambos países que no cuentan con la modalidad “el que llama paga”.
Por otro lado, los usuarios de Estados Unidos y Canadá al sacrificar la penetración del servicio, gozan de planes tarifarios ilimitados económicos que son poco comunes en sus contrapartes europeas o latinoamericanas. En el caso latinoamericano, donde prácticamente todos los países optaron por “el que llama paga” es obvio que la decisión de la autoridad se enfocó en renunciar a ese beneficio para los usuarios de alto uso en planes de contrato (menos del 10% de los usuarios totales) a favor de que más usuarios tuvieran la posibilidad de contar con un teléfono.
En ese sentido, cobra vital importancia que el regulador genere los mecanismos para determinar una tarifa de interconexión que permita la viabilidad del servicio así como su asequibilidad para una mayor parte de la población. A partir de un reporte de JP Morgan (Brazilian Mobile : The Interconnection Liability, 14 de diciembre de 2007, que destaca las altísimas tarifas de interconexión para “el que llama paga” en Brasil) se puede estimar que en promedio, las tarifas de interconexión mexicanas en el año 2007 eran: 45% más económicas que las brasileñas, 10% más bajas que las de un promedio de los países de la Unión Europea y 23% más caras que las de Argentina.
Este último dato no es para genera preocupación, pues la reducción en la tarifa de interconexión, que fue previamente programada para el primer día de enero de 2008, nos coloca apenas 10% arriba del nivel de Argentina en este año y probablemente (contingente a que el regulador argentino no reduzca sus tarifas) en 2009 estaremos a la par con la reducción adicional programada para entonces.
En años recientes, la autoridad mexicana se ha preocupado por mantener los beneficios de “el que llama paga” (mayor teledensidad al favorecer la difusión de planes de prepago) sin dejar de crear incentivos para la productividad de los operadores que se traduzcan en mejores precios al usuario (reducción gradual de la tarifa de interconexión). Ambas acciones, han sido clave para lograr la meta de que más mexicanos se mantengan comunicados.
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